Tú.

A veces me pregunto qué hace de ti ser quien eres. Qué te impulsa a tirar de todo aquello que te apasiona. ¿De dónde sacas toda esa energía? ¿De dónde sacas toda esa amabilidad? Esa empatía, que a mi tanto me falta. ¿Y de donde sacas toda esa fuerza? Para afrontar las cosas de una manera que yo no soy capaz. A veces me siento muy débil.

Sin embargo, puedo sonreir. Y es que lo gracioso de ti no está en tus chistes. Está en tu forma de reir, de sonreir. En tu forma de querer, en tu forma de andar, de ver las cosas y de ver el mundo. En tu forma de tratar a las personas. En tu forma de hacer las cosas que te gustan.

Sigues ahí. Aún a pesar de ser quien soy. A pesar de lo rota que he estado (y que aún estoy). A pesar de mi inestabilidad, de mis problemas, de mi desconfianza en ciertos temas. A pesar de no ser nadie.
Dos años y mucho que decir de todo. Del paso del tiempo, del pasado, del futuro. Tenía 18 años y un futuro incierto. Anímicamente las cosas empezaban a irme mal. Así me conociste... Y, dos años después, nada ha cambiado al respecto. A pesar de haberlo intentado. Tengo 20 y un futuro incierto. Anímicamente estoy peor. ¿Por qué? ¿Por qué aguantar durante dos años a una persona así?

Pero sigues ahí.

Sé que la respuesta no es muy complicada. Sé que bastarán dos palabras, bastará un gesto, bastará una mirada. Pero soy un desastre, un pequeño desastre. Y a veces me cuesta entenderlo.

Las cosas no son fáciles cuando se intenta jugar a ser mayores.

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