No dudar.

Nunca dije nada a nadie. Se sabía. No dudé, ni cuestioné nada. Por cómo íbamos y veníamos. Por comentarios cruzados y conversaciones privadas. Charlas, nuestras, que nadie entendía más que nosotros. Música, que solo nosotros compartíamos.
Tres meses. No hizo falta más. No hizo falta decir nada, ni preguntar nada. Un único empujón, una canción. Nada más.
Y así fue.
Recuerdo ese verano como si fuera ayer.

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