Fragmento I

- ¿Y no te sientes sola?
- Constantemente. Pero supongo que hay momentos en la vida en los que solo quieres eso, estar solo. Para sentir que puedes mantenerte con tus propios pies, que no necesitas a nadie, que puedes vivir a tu aire.
- ¿Y después?
- Y luego vuelves. Sin avisar. Y te rodeas de aquellos a los que echaste de menos, haciendo lo que habías dejado de hacer. Sonriendo, de nuevo, como si nada hubiese pasado.
- Aunque en el fondo, algo ha pasado, ¿no? Has cambiado.
- Porque no se puede ser siempre la misma persona. Sin embargo, corres el riesgo de perder el norte. De perderte. De no saber quien eres, ni quien eras. Después de tanta retrospección, de tantos cambios, de tantas verdades, ya no sabes lo que es cierto. No sabes en qué debes confiar, ni con quién debes estar.
- Puedes confiar en mi.

Sonrió. Pero era una sonrisa... cansada, y aún así aparentaba ser normal. Como si nada pasase. Cuando, en el fondo, incluso aquellas palabras, le provocaban de nuevo esa sensación de soledad. Asentía, afirmaba, sonreía, pero, en realidad, era como si nada le importase.

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