Yuki.


Habían pasado ya años desde lo que él consideraba "la tragedia". La había perdido. No físicamente, pero ya no estaba allí. La distancia era tal que ya no la sentía, ya no la sentía a su lado. Y al principio eso había sido desgarrador, casi mortal, casi fatídico. Pero todas las heridas sanan, todas las heridas curan. Y la pareja, que al principio parecía perfecta, como si estuviesen hechos el uno para el otro, al final no eran tal. Todo pasa, todo cambia, todo llega. Y así en el amor. 

Una profunda oscuridad y un silencio. Una distancia insalvable. Un huracán, que se llevó todo lo que una vez había sido su vida. Y durante meses vagó errante, calle arriba, calle abajo. Sin lugar al que ir, sin hogar al que regresar. No tenía nada. Los recuerdos le mataban por dentro, día tras día. La culpa, los remordimientos, el despecho. El odio iba cubriendo de nieve su corazón.

La nieve. Durante meses, años, el invierno fue constante. El frío, la soledad, el hielo. Congelado, herido, y sin ningún tipo de respuestas. La vida le estaba matando lentamente. Y él se dejaba, sin más. ¿Qué importaba? Su vida carecía de sentido. Su nombre carecía de sentido. Toda su historia, muerta, olvidada. Enterrada bajo la nieve. Así pasaron los años.



Poco a poco, con el tiempo, los recuerdos parecían irse borrando, desapareciendo, como si nunca hubiesen existido. Y un nombre que una vez lo había sido todo se iba sustituyendo por otros nombres, otras metas, otros objetivos. Una luz vieja, renovada. Una luz nueva.

Una luz, una vieja luz, distante.  


Cambió de ciudad. Su vida, que parecía muerta, comenzó a recobrarse. Aquel no era el fin. No del todo, al menos. Nunca podría recuperar lo que una vez había sido. Porque no se puede volver al pasado. Porque nunca había sido tal. Y con esas expectativas, decidió cambiarse a sí mismo. Sabía que podía ser todo aquello que se propusiera ser. Él, que siempre había sido esclavo de sus circunstancias. Él, que tenía sobre sí mismo todo el peso de su consciencia.

Pero ahora, todo su pasado estaba roto. Tanto el malo, como el bueno. Todo. Nada le impedía ya reconstruir su vida. Ser quien quería ser, quien siempre había querido ser. Aquello que nunca le habían dejado ser. Una persona... nueva.

Su nombre dejó de tener importancia. Dejó de llamarse Yuki. Dejó de pensar en Nami. Crecer y madurar. Asumir roles y posiciones. "Socializar", aquello tan extraño.

Nueva ciudad. Nuevos intereses. Nuevos círculos. ¿Alguna vez alguien preguntaría por su pasado? ¿Qué importaba? ¿Volvería a confiar, como hasta entonces había confiado? No, pero... ¿qué importaba? Toda su historia, carecía de sentido ahora. Un cambio. 



Naruba.




Seguía entreteniendose con sus libros, encerrado en su mundo. Pero ahora, la vida era mucho más llamativa. Ya no todo eran libros y balas. Ya no todo era blanco y negro. Los colores, los matices y, de alguna manera, el calor humano que tanto había odiado y que tanto había evitado, ya no le molestaba.
 Y seguía queriendo a su gato, a Li, a pesar de todo. A pesar de recordarle tiempos pasados. Porque, por encima de todo, él le había ayudado a superarlo. Porque nada se puede comparar al amor de un gato.




Fin



Mi historia no es muy diferente a la de este pequeño "fanfic", pequeño relato. Antes escribía mucho acerca de Yuki, acerca de Nami y acerca de ellos. Pero lo hacía con una amiga a la que perdí por un montón de razones. Y... la echo de menos. A veces la echo de menos. A veces la odio. A veces tengo ganas de mandarle un mensaje para que se acuerde de mi. Así que escribo una entrada en mi blog, que no leerá. Despecho, culpa, remordimientos. A veces es necesario.

Pero todo cambia, todo pasa. Y, aunque Yuki siga siendo una parte de mi, ahora soy Naruba. Con todo lo que ello significa. Lo bueno y lo malo. Yuki sigue representando a ese corazón que durante meses estuvo cubierto de hielo, a esa persona que durante años nunca supo relacionarse con los demás, que quería a los demás, pero a su manera. Esa parte... incomprendida. Naruba es esa parte racional y "pasota", esa parte que deja de sufrir y se centra en sus cosas. En sus libros, sus videojuegos, su amor por los gatos y su filosofía. "Naru", como le llaman sus amigos (algunos, aquellos que han jugado conmigo al GW2). Y así me siento cómoda.

Este mensaje final es para mí misma. La imagen del copo de nieve será mi próximo tatuaje. Yuki (nieve en japonés), Naruba, Naru, Frozen (por mi relación con mi hermana, por mi misma, por mi propio corazón helado), Mine. Toda mi vida en internet, que para mi es una parte de mi mundo que a veces me esfuerzo por olvidar, sin darme cuenta de que es tras estas pantallas donde más feliz soy.

PD: En realidad la gata se llama Navi. Y es mi vida.

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